A seis años del lanzamiento, la Diplomatura Construyendo Seguridad Ciudadana —programa de extensión universitaria de la Universidad Nacional de Mar del Plata coordinado desde dentro de la Unidad Penal N°15 de Batán— transita su quinta cohorte. Diana Márquez, secretaria de la Cooperativa Liberté, directora de la asociación Víctimas por la Paz y presidenta de la Sociedad Argentina de Justicia Restaurativa (SAJuR), y Ricardo Augman, tesorero de la coop y coordinador del Programa de Salud Mental, comparten la coordinación general. En esta conversación cuentan cómo se sostiene el programa desde adentro.
Seis años, una revolución que no esperábamos
La diplomatura nació en 2021 con una particularidad sin precedentes en el mundo de habla hispana: fue coordinada íntegramente desde dentro de una unidad penal y moderada al 100% por personas en situación de cárcel. Seis años después —en 2024 no hubo cursada por falta de equipamiento tecnológico—, ya transitó cuatro cohortes con miles de inscriptos e inscriptas de 25 países. Márquez vuelve sobre aquel comienzo con sentimientos encontrados.
Es un poco dual. Por un lado, fue una revolución, un hito para Liberté y para toda la red que lo sostiene, cada quien desde su espacio: un lugar único en el pensamiento, en la creatividad y en la palabra. Eso lo sabíamos. Pero no imaginábamos el impacto que iba a tener en el afuera, en las personas. Eso también nos dejó en un lugar de sorpresa.
El reconocimiento que llegó desde afuera, dice, trajo a la vez una alegría enorme y una responsabilidad nueva: la de saberse mirada. Con los años, esa devolución no aflojó.
Estamos en la quinta cohorte y cada vez sentimos que la diplomatura es un lugar central y necesario, porque es nuestra voz: la voz de las personas en situación de cárcel. Y es también una manera de pensar el futuro. Cuando quienes piensan, imaginan y sueñan son las mismas que atraviesan esas experiencias en primera persona —sin estar mediadas, sin que otras las piensen—, hay ahí una significación y una fuerza emancipatoria únicas.
Augman, que comparte la coordinación general y lleva adelante el Programa de Salud Mental, también recuerda esos primeros años como un quiebre.
Efectivamente, creo que fue una revolución: un modo de crear un espacio de diálogo, de discusión, de intercambio de saberes, de comunidad, con características inéditas. Poner a conversar en igualdad de condiciones a personas en situación de cárcel, a agentes del servicio penitenciario, a familiares, a organizaciones ligadas al mundo de los derechos, a expertos del poder judicial, jueces y juezas, abogados y abogadas. Y ver el número creciente de personas año tras año es, de alguna manera, la afirmación de haber elegido un camino correcto y necesario para hacer porosos los muros de cemento que rodean las cárceles.
Una clase adentro y afuera de la cárcel
Buena parte de lo distintivo de la diplomatura pasa por su aula. Augman piensa los contenidos junto a quienes están dentro de la Unidad Penal N°15 de Batán, y desde ahí cuenta qué cambia, y qué no, al preparar una clase dentro del penal.
En principio no hay grandes diferencias, más allá de considerar los obstáculos que pueden aparecer dentro del ámbito penitenciario, alguna cuestión inesperada o algún tema de seguridad. Pero nuestra manera de pensar la educación, la conversación y el abordaje de las temáticas tiene características similares. Cuando uno piensa a las personas en términos de igualdad —independientemente de su condición social, de sus opiniones políticas, de su orientación religiosa o espiritual, de la situación jurídica que atraviesa, que siempre es transitoria— y pone de lado las diferencias para buscar lo común, una clase es una clase adentro de la cárcel o fuera de ella. Eso es lo que hace distinto el espacio de Liberté.
Esa igualdad de base se traduce en reglas concretas de convivencia en el aula.
Hemos establecido acuerdos muy serios y muy profundos, que a veces no se dan en las aulas universitarias. Tenemos una regla básica, que es el respeto de las opiniones diversas, y se cumple a rajatabla: no entramos en disputas narcisistas, y cada vez que aparece una tensión de ese estilo se resuelve rápido, sin entrar en un juego que nunca termina bien. En nuestra casa, por decirlo de algún modo, entran todas las opiniones: las que nos resultan más amables y simpáticas y las que nos resultan más ásperas o distantes. Esa también es una gran diferencia respecto de los espacios académicos.
Para Augman, lo que se construyó en estos años excede a cada cohorte.
Esta diplomatura permitió también el encuentro de profesionales y personas expertas en distintos saberes, con una jerarquía inusitada para lo que son los ámbitos de formación de adultos. Se lograron encuentros muy profundos, de muchísima reflexión, que con el tiempo van a ser materia de estudio: no solo por lo que aprendemos e intercambiamos en cada edición, sino porque el espacio en sí mismo es un fenómeno que merecería un estudio profundo.
Entre las víctimas y la cárcel
Márquez ocupa un lugar poco habitual: es secretaria de la Cooperativa Liberté —una organización de personas en situación de cárcel y liberadas— y, a la vez, directora de Víctimas por la Paz, una asociación de víctimas del delito. Esa doble pertenencia, dice, es el fundamento de su mirada.
Esa doble pertenencia es casi única; en mi lectura de la Justicia Restaurativa, diría que es simbólica al cien por cien. Es muy poco habitual. Y sostenerla pasa por una mirada de lo humano fundamentalmente no binaria: trato de ser coherente con eso y con la importancia que les doy a las personas, a los espacios que se habitan y a las comunidades y sus transformaciones.
Esa mirada no binaria —que no encierra a nadie en la categoría de víctima o de victimario— atraviesa su trabajo cotidiano entre dos mundos que la sociedad suele pensar como opuestos.
«El concepto de víctima es sumamente amplio»
Algo singular del aula virtual es su composición: en una misma clase conviven personas en situación de cárcel y liberadas, víctimas de delitos graves, jueces y juezas, abogados y abogadas, trabajadores y trabajadoras sociales, criminólogos y criminólogas, y familiares. Para Márquez, es justamente ese cruce el que vuelve más rico el diálogo.
Trabajar de manera articulada entre víctimas y personas en situación de cárcel te muestra que los límites son muy difusos: entre la víctima como la imaginamos socialmente y la persona en situación de cárcel, que también es víctima de otras situaciones. Estar de cada lado me enseñó que el concepto de víctima es sumamente amplio, que no es privativo de nadie. Y que hay que acercarse a los fenómenos sin juzgar, sin preconceptos, con humildad —sin creerse dueño de ninguna verdad revelada—: entender, ayudar a la construcción de los demás y dejar que los demás ayuden a la propia.
Ese reconocimiento es fruto de años de trabajo compartido. Y lo que termina uniendo a unas y a otros, dice, es más elemental que cualquier etiqueta.
Las personas en situación de cárcel y las víctimas —si es que pueden ponerse en anaqueles distintos— necesitamos futuro. Un futuro más luminoso, salir de estos lugares: del lugar de víctima, del lugar sin libertad. Eso nos une. Y a partir de ahí, pensar y hacer juntos por la educación y el trabajo. Articular todo lo que hace Liberté, como secretaria de la cooperativa y como directora de una asociación de víctimas, para mí es un honor.
«Para mí esta diplomatura es luz»
Cerca del final, Márquez resume todo en una frase.
Para mí, esta diplomatura es luz. Esa es mi frase. Y viva Liberté, como dejó escrito Mario Juliano.
Augman, por su parte, elige una imagen.
A mí me representa la capa de invisibilidad de Harry Potter, porque lo que hemos logrado a través de la diplomatura es hacer invisibles los muros: que personas de distintas extracciones, de distintos países y provincias puedan entrar en diálogo y compartir saberes, experiencias, ideas y proyectos, sin que el muro sea un freno. A través de la diplomatura logramos eso: invisibilizar los muros de la cárcel.
«Que se inscriban»
A quien lee esta nota y duda en sumarse, Márquez le habla sin vueltas.
Espero que nadie dude en inscribirse. Que se inscriban, porque no es solamente el aprendizaje: es la comunidad que reúne esta diplomatura desde hace tantos años. Una comunidad que nos acompaña, nos escucha, nos entiende. Y no tengo dudas de que también beneficia al resto de la sociedad, aunque no se entere de que existe: espacios como Liberté y sus actividades redundan en una mejora para todos y todas.
Un paradigma, atravesado por la dignidad
Sobre el final, Márquez reúne los ejes que la diplomatura propone como otro paradigma de seguridad ciudadana: no el del castigo, sino el del cuidado.
La integración, la transformación y la seguridad entendida desde nuestro punto de vista —trabajando por la reincidencia cero, acompañando la salud mental— componen un nuevo paradigma para la sociedad, todo atravesado por la dignidad de las personas en situación de cárcel.
Más información e inscripción
Toda la información detallada sobre el cursado, el plan de estudios y el cuerpo docente está disponible en la ficha de la diplomatura.
La inscripción ya está abierta y se realiza a través del formulario de inscripción. Las consultas se reciben por correo electrónico a formacion@universidadliberte.org y por WhatsApp al +54 9 223 678-9264.
Quienes completen el 75% de los encuentros y entreguen las actividades prácticas reciben un Diploma de Extensión Universitaria emitido por la Universidad Nacional de Mar del Plata, a través de la Secretaría de Extensión de la Facultad de Trabajo Social y Ciencias de la Salud.