Esteban Pintos en Liberté: la política que no se ve y los sentidos que se cuelan sin que los veamos

El sábado 16 de mayo, el sociólogo y Doctor en Educación Esteban Wilson Pintos Andrade dio el EnClave Libre de la jornada con una clase abierta titulada "La política que no se ve: educación y vida cotidiana". Desde Buenos Aires, conectado por Zoom al Territorio Liberté en la cárcel de máxima seguridad de Batán, propuso una herramienta de pensamiento para distinguir la política de lo político — y mostró cómo lo segundo se cuela en las rutinas, las palabras y las decisiones sin que se lo perciba.

El Enclave forma parte del calendario académico de Universidad Liberté y de la Cooperativa. La jornada fue moderada desde adentro de la cárcel por el Pampa Aguirreal y conducida por Ángel M. desde el estudio. La Lic. Cecilia Pintos —hermana del expositor y colaboradora permanente de Liberté— acompañó desde Canadá: una articulación familiar y profesional que viene tejiéndose con la cooperativa desde hace meses. Entre quienes se conectaron al Zoom estuvo Daniel Q., recién liberado hace pocos días, que se presentó a sí mismo como "Egresado de Liberté". El Consejo de Administración de la cooperativa —integrado entre otros por la Dra. Diana Márquez y el Lic. Ricardo Augman— siguió la jornada y aportó al cierre. También acompañó la transmisión la Dra. Claudia Perlo, integrante de Liberté.

La política y lo político: una distinción que cambia la lectura

Pintos abrió la clase con una aclaración fundacional. "No vamos a hablar de la política en términos institucionales — democracia, partidos, división de poderes". Lo que propuso fue otra cosa: pensar lo político como ese conjunto de "ideas, creencias, valores que de alguna manera repercuten en las opiniones y en las acciones de los individuos". Lo político atraviesa las rutinas más simples, configura el lenguaje, los gestos, las relaciones en el aula. La política partidaria, sostuvo, es solo la expresión final — muchas veces inconsciente — de esa construcción de sentidos más profunda.

Sentidos de primer y de segundo orden

Sobre esa base, Pintos propuso una distinción analítica que organizó toda la clase. Los sentidos de primer orden son sedimentados históricamente: matrices positivistas, eurocéntricas, ordenadoras, que vienen desde la construcción del estado moderno y se transmiten de generación en generación sin que sus portadores adviertan ese origen. Son "muy difíciles de remover", explicó.

Los sentidos de segundo orden, en cambio, son más coyunturales: emergen en períodos de diez o veinte años y pueden ser tanto contraculturales — los gobiernos progresistas latinoamericanos del kirchnerismo, Lula, Evo, Correa, el Frente Amplio — como conservadores, esos procesos que refuerzan la matriz hegemónica. Más volátiles, más cambiantes.

La política es lo único que detiene el enriquecimiento de sectores burgueses y el empobrecimiento de la mayoría de las poblaciones.

El positivismo no es solo una teoría: es una cultura

Buena parte de la clase la dedicó a rastrear cómo el positivismo — la filosofía de Augusto Comte y su bandera de "orden y progreso" — terminó constituyéndonos como sujetos. "Somos un conjunto de sujetos positivistas", afirmó. La bandera de Brasil dice Ordem e Progresso. La obsesión del orden, la separación entre lo técnico y lo ideológico, la creencia en una "objetividad" descontextualizada: todo eso se cuela en las aulas, en los discursos, en el sentido común.

Pintos cruzó esa idea con dos referencias clave: los aparatos ideológicos del estado de Althusser — la escuela, la familia, la iglesia, que reproducen el orden sin imponerse a la fuerza — y la hegemonía de Gramsci, ese momento en que una clase social hace creer al resto que sus pautas culturales son universales y producidas entre todos y todas. "Ahí logran el poder", citó.

Las frases del sentido común

Para mostrar cómo los sentidos de primer orden circulan sin filtro, Pintos compartió una lista de frases que escucha en compañeros de fútbol, conocidos, vida cotidiana. "A los negros hay que matarlos a todos — pero no de piel, de acá". "El pobre es pobre porque no quiere trabajar". "La política es toda corrupción". "Con los militares esto no pasaba". "El feminismo ya consiguió demasiado". "En Argentina no hay racismo, somos europeos". Cada una de esas frases, dijo, opera como lo que Arturo Jauretche llamaba las sonceras argentinas: errores funcionales al sistema que se presentan como sentido común y no como ideología.

Detrás de eso, advirtió Pintos, hay un proceso más profundo que Jauretche llamó colonización pedagógica: el sistema educativo, la cultura oficial y los medios instalan en el colonizado una visión del mundo que corresponde a los intereses del colonizador, haciendo que el dominado piense con categorías ajenas y se perciba a sí mismo con ojos extranjeros.

Cuando los sectores populares votan contra sus intereses

La pregunta-eje del cierre fue por qué los sectores populares votan proyectos políticos que los perjudican. Pintos propuso una lectura: los cambios objetivos — distribución de la riqueza, salarios, derechos efectivamente conquistados — y los cambios subjetivos — valores, pautas culturales hegemónicas — tienen temporalidades distintas. Los primeros son rápidos. Los segundos vienen desde la construcción del estado argentino agroexportador y son mucho más estables. Por eso, sostuvo, "no es tan difícil entender cómo personas que tuvieron beneficios objetivos votan a proyectos que resaltan valores hegemónicos".

El Pampa Aguirreal aportó al cierre una lectura desde el Territorio. "Varias veces me pregunté cómo puede ser que personas en situación de cárcel hayan votado a proyectos políticos que claramente las perjudican", reflexionó. Su hipótesis: "se hacen una película en la cabeza de que son parte de la otra parte de la sociedad. Por un rato no son esa parte excluida que está acá adentro. Apoyan en contra de sus propios intereses — celulares, libertades anticipadas, condenas más cortas — pero creen, durante un tiempito, que son los otros". Una soncera, en términos de Esteban.

Otra voz, otra mirada: la réplica de Miguel Vega

El cierre del Enclave dejó espacio para una intervención disidente. Miguel Vega, estudiante habitual de los espacios de formación de Liberté que se conectó por Zoom, con formación en teoría política y constitucional, devolvió una lectura distinta sobre el positivismo. Rescató su rol histórico: "permitió que la verdad ya no dependiera del dogma de un rey, de una iglesia o del gobierno de turno, sino de hechos objetivos que cualquiera puede verificar". Y cuestionó la idea de categorizar políticamente a docentes o de validar la noción de adoctrinamiento: "el ciudadano común vota condicionado por su realidad concreta — la inflación, la falta de trabajo, la inseguridad — atribuirlo a una manipulación cultural es paternalismo".

La conversación quedó abierta. El formato del EnClave Libre es ese: no busca consenso, busca pensamiento. Y deja registro de las diferencias en lugar de borrarlas.

Un concepto que apareció: el "egresado de Liberté"

Hubo otra aparición de la jornada. Daniel Q., integrante histórico de Liberté liberado hace pocos días, se conectó al Zoom y se presentó como "un Liberté liberado, un egresado de Liberté". En su intervención manifestó las ganas de impulsar una articulación entre los egresados de Liberté para sostener el emblema de la reincidencia cero. La Dra. Diana Márquez tomó nota del concepto: "Egresado de Liberté — me parece un concepto fuertísimo, distinto de egresar de la cárcel. Tenemos que hacer ese desarrollo". Una categoría editorial que la cooperativa va a seguir trabajando, y que dialoga con uno de los puntos centrales que dejó Pintos: las identidades colectivas como construcción contracultural, no como herencia natural.

Lo que queda

El cierre lo dio el propio Esteban, frente a la pregunta de Gerardo Short —estudiante habitual conectado por Zoom— sobre qué tan importantes pueden ser estas micro-acciones que se sostienen desde la cooperativa. "Las acciones contraculturales son innumerables, incontables en muchos sujetos y en muchos colectivos. Liberté es un gran ejemplo. Obviamente estás peleando contra la corriente, contra esa construcción de valores históricos. Pero más allá de los triunfos o las derrotas que sucedan a partir de esa construcción colectiva contracultural — es una posición de vida. Y yo allí me siento conforme".

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